jueves, 27 de junio de 2024

LA VIDA Y EL TIEMPO, UN AMOR INCONDICIONAL

El niño agarra la mano cálida de ese ser a quien considera un muro de protección mirándolo con esos dos ojos llenos de vida y admiración, el rostro de su padre ausente pero presente en las manos cálidas que heredó.

“La vida fue muy generosa conmigo” se decía, sintiendo que lo que esta le dio fue también llenando espacios vacíos de lo que un día ella misma le quitó. No hay empatía en la vida, ella solo quita y da a su antojo.

De rodillas en las mañanas a orillas de la cama, dando gracias y pidiendo que el día que comienza sea bendito, que por lo menos hoy no seda a sus debilidades, debilidades que todos guardamos en algún lugar del alma, las mismas que pesan más cada día como una carga que aumenta y no aliviana. El día parece prometedor, lleno de nuevas oportunidades y logros.

Al llegar la noche….

Agitaciones del alma tratando de llenar esos vacíos existenciales, Morfeo gana la batalla.

Un nuevo día la misma rutina, esos vacíos nuevamente queriendo rellenarlos ayudando al prójimo, se dedica a buscar formas de llegar al corazón de estos.

¿Cuál es mi misión en esta vida? se pregunta. Si puedo cambiar una de estas para bien, estoy más que servido piensa en silencio. La vida es dar y hacer felices a nuestros seres queridos se responde. Más que respuesta; una esperanza. La noche, nuevamente, llega, el día se va.

Ríe, llora, siente y resiente. Su corazón palpita a mil, ese corazón enorme que no cabe en su pecho. Noches de solitud, piensa en ese niño que jugaba con una sonrisa en los labios y un alma llena de sueños, felicidad y tristeza.

El tiempo no camina, está en una maratón; corre más que de prisa, como si le estuvieran persiguiendo o estaría huyendo de alguien o algo, tras de él, la vida, vuela como quien sigue una amante a su amado, ambos se van juntos sin mirar atrás. El tiempo viaja con un boleto solo de ida y sin retorno, la vida y el tiempo de la mano, dos cómplices sin empatía y sin reparo se van.

Llegan muchas primaveras y veranos para luego dar paso al otoño que, con brisas frías y colores de antaño, dan paso al invierno helado y se pregunta: ¿cuál fue la misión de mi vida?  su misión no era hacer feliz a nadie, solo a si mismo. Se da cuenta mientras suspira que la vida se fue tras del tiempo, y él… él se fue con los dos, como un día se fue ese niño feliz y seguro con la mano cálida de un padre para volverse un hombre, bueno, con defectos y virtudes, pero fue él, solo él, no le debió a nadie un día volvió a ver a ese padre que tanto amo de niño cuando vio su rostro en el espejo.

Tranquilo puede decir: vida nada me debes y nada te debo, mi vida no le pertenece a nadie, me la debo a mí, y así hiso las paces con ese niño y ese padre que viven en él.